¿Y…Funciona lo tuyo? La realidad del emprendimiento y lo que nadie te cuenta…

Si ya te has lanzado al mundo del emprendimiento, sabes muy bien, igual que yo, lo difícil que pueden ser los primeros años y si estás pensando en emprender, me gustaría que entendieras una cosa: Emprender, especialmente al principio, muchas veces equivale a hacer doce trabajos en uno.

Tienes que aprender a vender, comunicar, hacer marketing, crear contenido, gestionar tus finanzas, entender de contabilidad, construir una oferta, gestionar toda la parte administrativa, tomar decisiones estratégicas, la parte técnica, atender a tus clientes y por supuesto… hacer el trabajo para el que decidiste emprender en un principio.

Todo esto mientras estás aprendiendo a pilotar la nave.

Y como si esto no fuera suficiente, también tienes que aprender a gestionar y superar tus propios miedos, tus dudas y tus creencias limitantes.

Porque emprender no solamente requiere desarrollar habilidades técnicas, te empuja a convertirte en la persona que es capaz de recibir un crecimiento así y sostenerlo en el tiempo.

Vas a tener que aprender a tomar decisiones a pesar de la incertidumbre,

a continuar sin ningún aplauso, a pesar de los numerosos rechazos, a cuestionar algunas o varias de tus creencias, a aceptar que no lo sabes, a dejar tu ego de lado y mostrarte vulnerable, a vender algo en lo que crees sin saber si alguien lo va a comprar y sobre todo: A seguir creyendo en tu proyecto y en tu visión mientras los resultados todavía no están ahí y solo se escuchan los grillos.

La realidad de los primeros años

Se oye mucho hablar de libertad financiera, de ingresos pasivos, de trabajar desde Bali o de crear una empresa de éxito, pero mucho menos de la realidad de los primeros años. En donde con un poco de suerte, tendrás algunos meses de 1.500 €/$.

Pero la realidad, para muchos emprendedores que empiezan, es más bien ganar menos que el salario mínimo. Y algunos meses incluso…0 €/$. Sí, cero.

Esta cifra puede ser especialmente aterradora cuando tienes facturas que pagar, una familia que alimentar y ves a tu alrededor a personas que parecen tener una vida mucho más estable. Es ahí cuando el emprendimiento se convierte en mucho más que un simple proyecto profesional, Se convierte en un espejo.

Un espejo de tus miedos, de tu relación con el dinero, de tu confianza en ti mismo, de tu necesidad de validación, de tu capacidad para gestionar la incertidumbre y de tu relación con el fracaso.

Emprender me ha desafiado más que ser militar

Sinceramente, no soy el único que lo dice:

emprender es uno de los mayores trabajos de desarrollo personal que existen.

En mi caso, el más grande hasta ahora y eso que pasé cerca de diez años en el ejército.

He conocido la presión, la incomodidad, situaciones en las que había que continuar a pesar del agotamiento, el estrés y el dolor. Pero el emprendimiento me ha enfrentado a algo completamente diferente:

En el ejército hay una estructura, una misión, una jerarquía, objetivos y reglas.

En el emprendimiento, especialmente cuando estás solo, eres tú quien tiene que crear toda esa estructura y descubrir tu propia misión. Nadie viene a decirte qué tienes que hacer el lunes por la mañana, nadie te garantiza un salario a final de mes y nadie te dice si vas por el buen camino o si estás completamente equivocado. Tienes que aprender a dirigirte a ti mismo, a convertirte en el comandante de tu propia nave…

Ahí es donde comienza el verdadero trabajo…

«Y entonces… ¿funciona?»

Hay una pregunta que regresa casi sistemáticamente cuando les comentas a personas de tu entorno que trabajas por tu cuenta.

«Y entonces, ¿funciona lo tuyo?»

O algo cómo:

«¿Y da dinero?»

«¿Consigues vivir de ello?»

«¿Es rentable?»

Y todas las demás variantes que existen para esta misma pregunta.

En mi experiencia, suelen ser las personas que nunca han emprendido las que más preguntan esto.

OJO: No estoy diciendo en absoluto que esta pregunta se haga con malas intenciones.

La mayoría de las veces, la persona simplemente siente curiosidad, quiere saber cómo estás, quizás incluso intenta animarte.

Pero detrás de una pregunta que parece perfectamente inofensiva pueden esconderse expectativas, miedos o creencias inconscientes y sobre todo, esta pregunta puede tener un impacto importante en alguien que recien está empezando y cuya confianza en sí mismo todavía es frágil.

Pero ¿qué significa: «Funciona»?

Esta es quizás la pregunta más interesante.

¿A partir de qué momento podemos decir que una empresa «funciona»?

Para alguien que está empezando, conseguir su primera venta puede ser una victoria enorme. Esa venta puede representar meses de trabajo, horas de reflexión, cientos de rechazos y sobre todo, la prueba de que una persona está dispuesta a pagar por lo que ha creado. Para esa persona, esa primera venta puede ser la prueba de que: «Sí funciona.»

Pero para alguien que tiene muchísima falta de confianza en sí mismo, esa misma venta podría interpretarse de una manera completamente diferente:

«Solo es una venta. No significa nada.»

Y para un emprendedor que ya genera varios miles de euros al mes, esa misma cifra podría considerarse un fracaso.

Entonces…¿Quién tiene razón? Nadie.

Porque el verdadero barómetro no siempre es la facturación y este barómetro varía según un montón de factores como por ejemplo el modelo de negocio, la persona, la etapa del proceso en la que se encuentra, etc…

Entonces, ¿por qué hacer esta pregunta?

Si eres la persona que hace esta pregunta, quizás valga la pena tomarte unos segundos para preguntarte:

¿Qué quieres saber realmente?

¿Cuál es tu intención detrás de esta pregunta?

¿Es simple curiosidad? ¿Estás buscando ayudar? ¿Estás intentando comparar tu situación con la suya? ¿Estás intentando comprobar inconscientemente si esa persona tomó la «decisión correcta»?

¿O quizás su "éxito" o su "fracaso" simplemente viene a poner en cuestión tus propias decisiones de vida?

Porque hay algo que hacemos de manera muy natural como seres humanos:

Nos comparamos.

A veces, sin siquiera darnos cuenta, buscamos saber si la otra persona está mejor o peor que nosotros. Hay una frase que resume bastante bien este fenómeno:

«La mayoría de las personas no necesariamente quieren que te vaya mal. Pero tampoco siempre quieren que te vaya mucho mejor que a ellas. Simplemente quieren que permanezcas lo suficientemente cerca como para seguir formando parte del clan.» Es ahí donde se vuelve interesante, porque cuando una persona de nuestro entorno cambia, evoluciona o toma una dirección completamente diferente, puede confrontarnos con nuestras propias decisiones.

Si eres emprendedor: no te tomes esta pregunta de forma personal

Si eres tú a quien le hacen esta pregunta, mi consejo es simple:

No te la tomes personalmente. Esta pregunta probablemente habla mucho más de la persona que la hace que de ti. No necesitas convencer a nadie de que tu empresa funciona o justificar tu camino y desde luego no necesitas medir tu valor personal a través de tu facturación.

Si te sientes suficientemente sólido y si ves que la persona que tienes delante es lo suficientemente receptiva, incluso puedes aprovechar estos momentos para educar a la persona que tienes delante sobre la realidad del emprendimiento.

Puedes explicarle que construir una empresa lleva tiempo.

Que los resultados no son inmediatos y que la curva de crecimiento nunca es lineal, que algunos períodos son difíciles y algunas decisiones tardan meses, incluso años, antes de producir sus efectos…

Y sobre todo, que el éxito no se reduce a cuánto dinero ganas hoy.

No lo olvides nunca: eres un artista

Y si notas que este tipo de preguntas empiezan a afectar tu confianza en ti…Recuerda algo: Toda obra de arte comienza con un borrador.

Un artista no toma un lienzo en blanco y crea inmediatamente su obra maestra. Dibuja, borra, vuelve a empezar, experimenta con diferentes formas, cambia los colores, comete errores y poco a poco, algo empieza a tomar forma. Tu empresa funciona exactamente de la misma manera: Vas a intentar, equivocarte, reajustar, volver a empezar, a veces incluso vas a tomar una dirección equivocada. A veces, también vas a crear algo que funciona mucho mejor de lo que jamás habrías podido imaginar.

Pero no puedes saber qué funciona antes de haberlo intentado realmente…

Así que no juzgues tu obra mientras todavía la estás pintando.

Y sobre todo… No permitas que alguien que está mirando tu borrador te convenza de que no eres capaz de crear una obra maestra.

El fracaso realmente solo existe el día en que decides dejar de intentarlo.

Hasta entonces…Solo es una etapa del proceso.     

Y recuerda: “Cuando pintas un lienzo al comienzo sale mal, pero un mal comienzo no significa un mal final”

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