Conspirealidad
¿Sabes cuántas personas serían necesarias para orquestar una conspiración mundial?
Cientos, incluso miles de personas alrededor del mundo, dirían algunos…
Pero en realidad, bastaría con un pequeño grupo de individuos entre los más ricos, poderosos e influyentes, compartiendo una agenda de dominación y control. Podrían fácilmente contratar especialistas de distintos ámbitos (médicos, economistas, políticos, científicos, docentes o incluso construir un ejército) y, ¿adivina qué? Nadie se daría cuenta, excepto ese reducido grupo.
Así es como se puede crear un condicionamiento colectivo a gran escala:
Asegurarse de que cada persona contratada solo sepa lo que necesita saber para que la gran máquina funcione (solo su pieza del rompecabezas). Lo ideal es que estos trabajadores realicen su tarea sin cuestionar nada, sin tomar conciencia de la visión global, haciéndoles creer que esta agenda es por su bien, por su felicidad, por la democracia, por el éxito que se han “ganado” con esfuerzo y estudios, para defender a la nación o cualquier otra historia que satisfaga su necesidad de respuestas…
Ofrecerles una “carrera de ratas” o un modelo de trabajo de “9 a 17”, combinado con un estilo de vida basado en el entretenimiento y la propaganda, para mantenerlos ocupados y limitar su capacidad de ver con claridad. Distraer a las masas con un ruido constante, adormecer su mente, impedirles pensar libremente y hacerse las preguntas esenciales. Comprar su silencio, corromperlos con dinero para que puedan adquirir el último gadget que los hará “felices” y bien distraídos de la verdad el mayor tiempo posible, hasta que puedan comprar la siguiente dosis de “felicidad”… encerrándolos así en un ciclo interminable de persecución materialista: el viejo “sueño americano”.
¿Y qué hacer con quienes se atreven a abrir los ojos y hacerse las verdaderas preguntas?
Enfrentarlos entre sí difundiendo desinformación e infundiendo miedo, crear incertidumbre en la población y convertirlo en una cuestión política, racial, nacionalista o religiosa, porque eso siempre funciona para dividir. (Divide y vencerás.)
Para quienes van aún más lejos y comienzan a ver más allá de las etiquetas y divisiones, quienes comparten su verdad, quienes son incorruptibles y cuya voz se vuelve valiente e influyente… con ellos hay que tomar medidas más drásticas.
Primero, silenciarlos por todos los medios posibles. Comenzar con la burla, etiquetarlos como “locos”, “iluminados” o “teóricos de la conspiración”. Destruir su credibilidad librando una guerra psicológica con dinero e influencia sobre los medios tradicionales para imponer el relato dominante. Si eso no funciona, censurarlos.
¿Y si estos rebeldes se convierten en denunciantes con pruebas irrefutables que amenazan la agenda de dominación y control?
Si se vuelven una verdadera amenaza, es momento de sacar las armas pesadas y calificarlos de “terroristas”, como se hizo con Chelsea Manning, Edward Snowden y Julian Assange.
¿Y cuando todo lo demás falla?
Cuando ya no hay forma de silenciarlos o controlarlos, queda el último recurso del arsenal: la fuerza letal… como la utilizada contra John F. Kennedy o contra miembros del equipo del Dr. Steven Greer.
Y listo.
Un sistema insostenible y disfuncional basado en la explotación, la dominación, el control y el secreto… ¿no te resulta familiar?
¿Creo que todo lo que he mencionado es 100 % cierto?
Pretender conocer toda la verdad sería una afirmación arrogante y presuntuosa. Ningún ser humano puede hacer tal declaración.
Pero existen muchas pruebas y coincidencias que apuntan en esta dirección. No hace falta ser un genio para observar las múltiples fallas de nuestro sistema y las conspiraciones reales que existen.
Entonces, ¿por qué algunas personas se niegan a ver estas disfunciones y tratan estos hechos documentados como simples “teorías de la conspiración”?
Pero incluso si reconocemos estas conspiraciones, ¿qué podemos hacer realmente frente a un problema tan complejo?
Hablar de los problemas del mundo sin proponer soluciones es simplemente quejarse, y quejarse no genera un cambio significativo.
Aquí hay algunas etapas para liberarnos de este condicionamiento colectivo, recuperar nuestro poder personal y elevar nuestra conciencia colectiva:
Este problema no se trata de un “-ismo” contra otro “-ismo”, ni de un “-ista” contra otro “-ista”.
Trasciende todas las etiquetas: política, religión, raza…
Este problema concierne a cada ser humano en la Tierra, te definas como alto, bajo, negro, blanco, de izquierda, de derecha, gay, trans, heterosexual, feminista, antifa o incluso una mesa, no importa.
Se trata de unir a toda la Humanidad y recuperar nuestra libertad. Se trata de liberarnos de un parásito que corroe cada esfera de nuestro sistema y drena su energía vital. Yo llamaré a este parásito “la oscuridad”, pero puedes darle el nombre que quieras.
Cuando hablo del “Sistema”, me refiero a dos tipos de sistemas:
El Sistema Colectivo, que agrupa las distintas disciplinas e instituciones que estructuran nuestra sociedad, como lo describen Foster Gamble y Kimberly Carter en su documental Thrive 2 (Artes, Economía, Educación, Medio Ambiente, Gobernanza, Salud, Infraestructura, Justicia, Medios, Relaciones, Ciencia, Espiritualidad, Visión del mundo).
El Sistema Individual, que comprende las distintas esferas de nuestra experiencia humana (física, mental, emocional y espiritual).
Estos dos sistemas están interconectados e interdependientes.
Este virus es la manifestación de una oscuridad que siempre nos hemos negado a reconocer. Afecta no solo a nuestro sistema colectivo, sino también a nuestro sistema individual.
“Lo que está arriba es como lo que está abajo; lo que está dentro es como lo que está fuera.”
¿Cómo empezar a sanar este virus y transformar esta oscuridad en luz?
Hay cinco etapas:
RECONOCER
Como con cualquier problema, el primer paso es aceptar que existe. Reconocer que hay un desequilibrio, un sufrimiento, una angustia, un trastorno que no está alineado con nuestra alma ni con la Madre Tierra.
TOMAR CONCIENCIA
Preguntarnos cuál es nuestra parte de responsabilidad. ¿Cuáles son nuestros patrones tóxicos? ¿Nuestras heridas emocionales que nos hacen reaccionar? ¿Qué historias nos contamos sobre la política, el dinero, las relaciones, la libertad, etc.?
REPROGRAMAR
Deconstruir nuestras creencias limitantes y reprogramar nuestra visión del mundo. Estar abiertos al cambio, aceptar que nuestras creencias pasadas no nos definen y que podemos dejarlas atrás si ya no nos sirven.
INTEGRAR
Crear hábitos y rituales diarios alineados con nuestra nueva verdad. La verdad siempre está ahí; es nuestra conciencia la que evoluciona.
EXPANSIÓN
Irradiar nuestra luz, expresar nuestra verdad en todas sus formas. Esto requiere valentía, porque implica salir de nuestra zona de confort y convertirnos en la expresión más luminosa de nosotros mismos.
Esta transformación solo puede darse a través de energías como el AMOR, la BONDAD, la COMPASIÓN, la TRANSPARENCIA, la GRATITUD y la VERDAD.